15 oct. 2011

Happy Endings vuelve en estado de gracia

Happy Endings fue uno de los milagros de la temporada pasada. Con unas audiencias más bien flojitas no solo consiguió una renovación in extremis por parte de la ABC sino que logró desplazar a Cougar Town a midseason para ocupar su importante hueco en la noche de comedias de los miércoles, con el envidiado lead in de Modern Family.
La serie vio la luz lastrada por lo que parecía poca confianza de la cadena en ella, y aunque no logró conectar del todo con el gran público si supo crear una importante colección de fans, entre los que me encuentro desde el primer capítulo, ya que sin ser una serie del otro mundo logra su cometido durante sus 20 minutos: entretener a base de risas.

Su primera temporada fue un poco de más a menos, pero con la renovación en sus manos se pusieron las pilas y habiendo visto ya sus primeros tres capítulos de su segunda temporada hay que reconocer que han vuelto en plena forma, como si quisieran demostrar que la cadena tomó la decisión acertada al apostar por ellos.

No pocas voces apuntan a que este grupo de amigos viene a ser el que más se aproxima a ser el heredero natural de Friends (aunque ese puesto siempre pareció estar ocupado por los chicos de How i met your mother, puesto que yo otorgaría a los de Cougar Town), y aunque como he dicho antes me encuentro entre los que más disfrutan con Happy Endings, creo que mucho rodaje les queda todavía si quieren llegar a poder aspirar a este puesto.
Sus historias resultan tremendamente divertidas, en parte gracias a lo disparatos que son sus personajes, a cada cual más peculiar, pero su principal debilidad reside precisamente en ellos, ya que se encuentran torpemente dibujados. Penny es la positiva e inocente; Max el egoísta, irónico y ácido; Jane la controladora y maniática; Brad el alegre con un lado femenino muy desarrollado; Dave el que persigue sus sueños tras ser abandonado y Alex la facilmente influenciable, pero ahí se quedan, es todo lo que sabemos de ellos y con eso dificilmente se puede empatizar (y por tanto preocuparnos por lo que les pueda suceder). Cuando no sabemos qué esperar de los personajes ante una determinada situación es que las cosas no se están haciendo bien, y este es el problema que actualmente tiene Happy Endings.

Afortunadamente no está funcionando mal en audiencias, por lo que podemos estar tranquilos respecto a su continuidad, lo que les permite a los guionistas tener tiempo de desarrollar los personajes como ya deberían estar haciendo a estas alturas.
A pesar de este gran escollo, yo sigo disfrutando muchísimo con la serie gracias a sus originales ideas (aun me sigo partiendo recordando las camisetas para bebés que causaron furor entre las adolescentes, o ese cold opening en la habitación de hotel), y mientras me sigan sorprendiendo tanto como lo han hecho en el tercer capítulo con el ENORME cameo de Megan Mullally (la cual espero que vuelva si o si) aquí seguiré yo defendiéndola cada semana.