25 de oct. de 2012

Imperium, lo que puedo haber sido y no fue


Cuando se anunció la continuación de la historia de Hispania mediante una nueva serie centrada en Roma, y protagonizada por Lluís Homar y Pepe Sancho, no puede evitar echarle un vistazo a su piloto, porque todo apuntaba a que viviríamos un duelo interpretativo de los que hacen historia. Y así, además de vivir un magnifico enfrentamiento entre estos dos grandes actores, las tramas se presentaron con solvencia, prometiendo acción, muertes y sobre todo traiciones e intrigas familiares que nos mantendrían enganchados en su breve primera temporada (compuesta por solo 6 episodios).

Excelentes actores, interesante punto de partida, magníficos decorados, cuidado vestuario, destacada fotografía...todo estaba dispuesto para lograr sacar adelante una de las series más ambiciosas de la ficción española, pero el público no respondió. Quizás por que la cadena no supo vender la serie diferenciándola de su predecesora, o por que el público al que va dirigida este tipo de ficción no estaba en la cadena, pero lo cierto es que no despertó interés desde el principio. Y fue una lástima, porque estábamos ante uno de los mejores pilotos que se han hecho en nuestro país. ¿Mantuvo el nivel en los siguientes episodios? Lamentablemente no.

Las buenas intenciones estaban ahí, y nunca diré que fue una serie mediocre, ni mucho menos mala, pero distó bastante de mantener el nivel, con tramas repetitivas y traiciones que se podían anticipar desde el minuto uno. Fue ahí en lo que falló, en no saber manejar la tensión y los pequeños misterios que intentó plantear, ya fuese la verdad que perseguía Cora, los traidores dentro de la familia Sulpicio o el supuesto asesinato del hijo de Marco y Claudia.
A pesar de esto, las estupendas interpretaciones femeninas lograban mantener el interés, eclipsando totalmente a primeros espadas de la ficción (Sancho estuvo relegado a un segundo plano y Homar se dedicó a gritar todas sus líneas de guión, como si no tuviera más registros), encumbrando definitivamente a Nathalie Poza, poniendo el foco sobre una Elvira Mínguez soberbia y lanzando al estrellato a una cada vez más madura (interpretativamente hablando) Aura Garrido.
Por ellas ha merecido la pena esta visita a Roma, aunque no se haya sabido aprovechar todo el potencial desplegado en el piloto.