30 sept. 2013

Breaking Bad, venganza y redención en una gran final

A una semana del final de Dexter llega el de Breaking Bad, y lo primero que hay que decir, alto y claro, es que no ha habido color. Se han cerrado las tramas de forma brillante con un final redondo, perfecto. Algo que precisamente con Breaking Bad no debe pillarnos por sorpresa, porque su progresión ha sido ascendente, constante y segura, encaminándose a un final a la altura de las circunstancias. A partir de aquí spoilers del final de la serie.

A lo largo de estas cinco temporadas hemos asistido a la conversión de Walter White en Heisenberg, y cómo en este viaje arrastraba con él a su familia. Y a Jesse, sobre todo a Jesse. Ese joven drogadicto al que le deslumbró el dinero, y por lo que llegó a perderlo todo. Pero Walter no era como él. Él había vivido, había experimentado todas las etapas y experiencias vitales, y se había dado cuenta de que no era realmente feliz. El cáncer fue su excusa. Con la espada de Damocles sobre su cabeza decidió arriesgarlo todo a cambio de sentirse verdaderamente satisfecho consigo mismo, realizado. Y lo consiguió. Utilizando su brillante cerebro fue capaz de coronarse como el mayor productor de metanfetamina de la mejor pureza, aunque por el camino fue perdiendo a su familia. No se dio cuenta entonces, pero para cuando quiso hacerlo ya era tarde. Todo el asunto se le había ido de las manos y aquello no había quien lo solucionase. En su mente había estado siempre su familia, el asegurarle un bienestar económico para cuando él no estuviese, pero la codicia y el poder fueron superiores, y cuando el ego te domina no es extraño que termines como él: Solo.

Por eso el final de Breaking Bad ha sabido tan dulce. Porque ha dado todo el protagonismo a lo que de verdad importa, a lo que con tanto mimo han construído todo este tiempo: sus personajes. Walter muriendo matando, pero dejó atados todos los cabos sueltos: tuvo un último momento de despedida con su familia, liberó a Jesse de su cautiverio y colocó a Jack y a los suyos donde merecían, bajo tierra. Y lo que es mejor, no solo consiguió la forma de hacerles llegar a su familia el dinero que tanto le había costado ganar, sino que por fin pudo admitir ante Skyler la realidad de lo acontecido los últimos años. Por fin pudo quitarse la careta. Lo había hecho por él, con su familia en mente, si, pero sobre todo por él. Necesitaba sentirse vivo, más vivo que nunca, aunque paradógicamente tuviera sus días contados.

De aplaudo por tanto esa secuencia final, y también toda la serie, con Walter sonriendo como un niño con juguetes nuevos al encontrarse de nuevo en un laboratorio de metanfetaminas. No podía haber un sitio mejor para Heisengerg en el que morir.