5 mar. 2013

El agradable baile de Bunheads


Cuando se estrenó "Bunheads" mucho se comentó (yo el primero) el parecido más que razonable con "Las Chicas Gilmore", serie que llevó a la fama a su creadora Amy Sherman-Palladino. Ahora, finalizada su primera temporada, podemos valorar ya a la nueva serie como un todo con entidad propia y afirmar sin miedo a equivocarnos que van por buen camino (un camino que no sabemos si podrá recorrer, ya que ABC Family todavía no se ha prounciado acerca de su renovación).

Sigue manteniendo rasgos que nos traen a la memoria a la anterior, como esa berborrea de sus protagonistas o la tan simpática como peculiar dinámica del pueblo, pero ha ido cogiendo cuerpo y formando unos personajes entrañables entre los que se puede palpar un vínculo especial.
"Bunheads" ha encontrado un equilibrio perfecto entre las tramas teen y el drama adulto, entrelazando la vida de las dos generaciones de protagonistas maravillosamente. Las cuatro alumnas podría tener su propia serie, porque tanto sus tramas como su amistad son sólidas, pero es la conexión que tienen con Michelle la que las hace especiales, tanto a ellas como a la serie. Por que Michelle es mucha Michelle. Loca, berborreica, divertida, sincera, amiga...pero sobre todo especial. No fue fácil conectar con ella al inicio de la serie, o más bien con sus acciones, pero si ahora, habiéndonos conquistado el corazón al conocerla, a ella y a los miedos que la acompañan.
Quizás se echa en falta un poco más de continuidad para Fanny, pero han sabido cubrir muy bien sus ausencias con el mayor peso de las secundarias, y hay que reconocer que esta falta de continuidad del personaje ayuda a diferenciar más entre ambas series (ya que fruto de salir tan poco aun no han perfilado del todo el personaje, por lo que todavia tenemos en mente a la matriarca Gilmore).

Hay quien dice que la serie no es nada del otro mundo, que poco aporta o que es una sucesión de aceleradísimos diálogos vacíos, y en parte llevan algo de razón, pero "Bunheads" no engaña a nadie. Se trata de una serie simpática, altamente entretenida y muy disfrutable. Un ejemplo del cada vez más utilizado happy place. 42 agradables minutos frente al televisor, algo de lo que no muchas ficciones pueden presumir.