19 jun. 2013

Gran Hermano 14: ¿El principio del fin?

La casa de "Gran Hermano" cerró anoche sus puertas, por decimocuarta vez en su historia, y lo hizo anotando un nuevo mínimo de audiencia para el reality, siendo además la primera vez que una final se veía superada por otro espacio (en horario coincidente "MasterChef" le sacó 3,5 puntos).

Pero esto podría tratarse de una anécdota si al echar la vista atrás el programa hubiese mostrado su intratable fortaleza, pero no ha sido así ya que además de la citada derrota también se ha visto superado en 2 ocasiones por "Tu cara me suena", en otras 2 por "Splash" en 1 por "Águila Roja" y en la totalidad de sus enfrentamientos con "Cuéntame". Incluso tras la finalización de esta "Pesadilla en la cocina" se le subía a las barbas, quedándose a tan solo dos puntos de distancia.

Estos datos sin duda han dado argumentos a los detractores del programa, que hoy salen de debajo de las piedras para celebrar lo que para ellos puede ser el comienzo del fin de un reality que detestan. Primero fue el discreto estreno frente a la final de "Tu cara me suena", después un casting que consideraban fallido (¡y esto sin verlo!) y por último la traición de la esencia del formato, basándose en el cada vez menor aislamiento del exterior fruto de llamadas de familiares, repescas y gritos (del público en plató y de individuos en los aledaños de la casa).

Pese a todo esto, Tele 5 probablemente esté haciendo lectura de la otra cara de la moneda, aquella en la que el reality capitaneado por Mercedes Milá sigue siendo rentable: el programa, fruto de su mayor duración, se ha mantenido líder de su franja, gracias a su dominio aplastante del late night donde la competencia apenas pone resistencia. A pesar del desgaste, tras 14 ediciones a sus espaldas, promedia un 18,4% en su temporada menos vista, lo que supone aun así encontrase ni más ni menos que 5 puntos por encima de la media del canal.
Con una audiencia cada vez más fragmentada sería de locos no renovar un producto como este, que rellena horas y horas en parrilla y que aguanta el tipo en prime time frente a cualquier oferta.

Dejando a un lado los datos objetivos, el programa debe tomar nota de las críticas, porque llevan parte de razón. El programa ya no es el rival que fue y por tanto no debe ser usado como arma arrojadiza ante los estrenos y programas estrella de la competencia. Al contrario, debería ser el niño mimado de la cadena, protegiendo su estreno y cuidando su emisión. El casting, aun siendo muy prometedor sobre el papel, no ha conseguido explotar, y la constante entrada de concursantes no ha ayudado a despegar la edición, sino a llenar la casa de muebles, por lo que el año que viene habría que hacer especial énfasis en crear un buen grupo de concursantes, explorando nuevos perfiles.
En cuanto al desarrollo del programa y sus giros, estoy a favor de seguir evolucionando, adaptando el formato a lo que el público demanda, pero el aislamiento debería ser un aspecto fundamental a respetar. Y hablando de respetar, sagradas deberían de ser también ciertas tradiciones que se han ido instalando con el paso del tiempo, como es la divertida gala del terror, las "visitas" de los familiares o rituales más concretos como la campaña de los finalistas con sus números de teléfono o el intercambio con otro país.

Todo esto se puede resumir en un único aspecto: una mayor planificación por parte de cadena y productora, porque la sensación que me queda como espectador es la de una gran improvisación a lo largo del concurso. Ojo, no digo que no haya que ir tomando decisiones a medida que las tramas se suceden dentro de la casa, sino que a nivel organizativo hay que tener más claro el esqueleto de la edición. Y ya si esto viene desde la cadena, mejor que mejor, con fecha de inicio clara (no un regreso adelantado, precipitado) y una de final muy aproximada, para que los guionistas puedan hacer bien su trabajo.

Respondiendo a mi propia pregunta. ¿Es el principio del fin? No lo creo, ni mucho menos. El programa sigue gozando de buena salud, manteniendo una sólida y amplia masa de fieles, con un perfil muy joven (y por tanto atractivo) que puede crecer si consigue atraer el interés de otros públicos, pero para ello deben hacerse mejor las cosas.