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El agradable baile de Bunheads


Cuando se estrenó "Bunheads" mucho se comentó (yo el primero) el parecido más que razonable con "Las Chicas Gilmore", serie que llevó a la fama a su creadora Amy Sherman-Palladino. Ahora, finalizada su primera temporada, podemos valorar ya a la nueva serie como un todo con entidad propia y afirmar sin miedo a equivocarnos que van por buen camino (un camino que no sabemos si podrá recorrer, ya que ABC Family todavía no se ha prounciado acerca de su renovación).

Sigue manteniendo rasgos que nos traen a la memoria a la anterior, como esa berborrea de sus protagonistas o la tan simpática como peculiar dinámica del pueblo, pero ha ido cogiendo cuerpo y formando unos personajes entrañables entre los que se puede palpar un vínculo especial.
"Bunheads" ha encontrado un equilibrio perfecto entre las tramas teen y el drama adulto, entrelazando la vida de las dos generaciones de protagonistas maravillosamente. Las cuatro alumnas podría tener su propia serie, porque tanto sus tramas como su amistad son sólidas, pero es la conexión que tienen con Michelle la que las hace especiales, tanto a ellas como a la serie. Por que Michelle es mucha Michelle. Loca, berborreica, divertida, sincera, amiga...pero sobre todo especial. No fue fácil conectar con ella al inicio de la serie, o más bien con sus acciones, pero si ahora, habiéndonos conquistado el corazón al conocerla, a ella y a los miedos que la acompañan.
Quizás se echa en falta un poco más de continuidad para Fanny, pero han sabido cubrir muy bien sus ausencias con el mayor peso de las secundarias, y hay que reconocer que esta falta de continuidad del personaje ayuda a diferenciar más entre ambas series (ya que fruto de salir tan poco aun no han perfilado del todo el personaje, por lo que todavia tenemos en mente a la matriarca Gilmore).

Hay quien dice que la serie no es nada del otro mundo, que poco aporta o que es una sucesión de aceleradísimos diálogos vacíos, y en parte llevan algo de razón, pero "Bunheads" no engaña a nadie. Se trata de una serie simpática, altamente entretenida y muy disfrutable. Un ejemplo del cada vez más utilizado happy place. 42 agradables minutos frente al televisor, algo de lo que no muchas ficciones pueden presumir.


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Bunheads: Paradise, el nuevo Stars Hollow




Cuando se estrenó Bunheads, la nueva serie de Amy Sherman Palladino, todas las críticas la presentaban como la sucesora de Las Chicas Gilmore, mientras que yo asistía atónito a un piloto que me dejaba un poco frio, incapaz de comprar su premisa: una bailarina de Las Vegas es acosada por un madurete, y ante las dificultades que atraviesa para encontrar un buen trabajo y asentar su vida decide concederle una cita tras la cual acaba casada y yéndose a vivir con él. Pues no, por muy desesperada que fuese su situación (que tampoco lo era) nadie en su sano juicio terminaría así a la mañana siguiente. Bueno, Michelle no es que esté muy cuerda tampoco, pero aun así no cuela.

Afortunadamente esta premisa se dejó pronto atrás, sirviendo solo de excusa para situar a la protagonista en un disparatado pueblo donde debía lidiar con su suegra, Fanny Flowers, quien regenta una academia de baile clásico. Y fue aquí, cuando se desligaron del detonante incial, cuando identifiqué el toque Palladino en la serie. Por que aquí Michelle no tendrá una Rory, pero a cambio podemos disfrutar de 4 bailarinas maravillosas, cada una con su personalidad, que se complementan a la perfección. En cambio lo que si tenemos de nuevo es esa tensa relación de amor odio entre madre (política) e hija, con Kelly Bishop en un papel muy similar al que interpretaba en Las Chicas Gilmore, aunque un poco más dulcificada (pero igualmente genial).

Pero los parecidos no terminaron aquí, sino que los personajes comenzaron a hablar freneticamente, la música nos trasladó a Stars Hollow y cada habitante del pueblo que vamos conociendo podría haber vivido en otra vida en el citado pueblo.
Estas características podrían sin embargo atribuírsele a más de una serie pero aquí la clave es la personalidad de Michelle, y por supuesto la relación madre-hija, impregnando la esencia Gilmore que hace que la serie sea tan encantadora.
Por que si, la serie se ha convertido rápidamente en una de las imprescindibles del verano, por que es entrañable, por que todos los actores están fantásticos en sus roles y porque el conjunto está funcionando a las mil maravillosa. No les hacen falta grandes tramas, el día a día de Paradise, con sus tonterías, con sus miedos, sus inseguridades y sus locuras, es suficiente para mantenernos ahí semana tras semana.
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